Candelario en la zona de Bejar, Salamanca:
Es la villa de las fuentes y un templo dedicado al agua. Candelario
es una de las localidades más bellas que goza de una
cuidada arquitectura popular. Colgada de sus balconadas, sorprendente
al atravesar batipuertas y encandiladora con sólo oír
el rumor que desciende de los neveros formando caminos de agua.
Sus calles empedradas reproducen el rumor del agua que pasa
silenciosa junto a las puertas de las casas. No hay playa, no
hay río y tampoco está lloviendo. Es una compleja
red de canales de agua cristalina tejida como una tela de araña
y que recorre las calles de la localidad reconduciendo, durante
todo el año, el deshielo procedente de los neveros de
la sierra.
Candelario, a 70 kilómetros al suroeste de Salamanca
y apenas diez minutos de Béjar, es un regocijo para los
sentidos, un pueblo típico de montaña con paisaje
interior: el oído escucha el rumor de la corriente, la
vista disfruta con la bellísima arquitectura popular,
adaptada al relieve de una orografía escarpada que casi
toca la Vía de la Plata y una climatología rebelde
durante el invierno.
El tacto siente el empedrado de las calles e incluso el peso
de las enormes puertas de entrada de las viviendas, conocidas
como batipuertas. Candelario también es un regocijo para
el gusto, gracias a su exquisita gastronomía, donde prevalece
el embutido.
La villa de las cien sorpresas: Candelario
es un exquisito ejemplo arquitectónico que sorprende,
fundamentalmente, por la construcción de las viviendas:
anchos muros de piedra, propios de lugares montañosos,
grandes galerías con balconadas de madera para curar
los chorizos de la matanza. Sin olvidar las batipuertas de entrada
a las viviendas que protegen de los rigores del invierno, las
fuertes nevadas y, antaño, los matarifes las utilizaban
para protegerse de los ataques de las reses antes de sacrificarlas.
Candelario es una sorpresa en cada rincón: balconadas
cuajadas de flores multicolores, fuentes al doblar cada una
de las esquinas y calles intrincadas por donde casi no puede
pasar una persona si no se agacha o pega un salto.
Esta ciudad cuenta también con la iglesia parroquial
de Nuestra Señora de la Asunción, el Santísimo
Cristo del Refugio y el edificio del Ayuntamiento, buenas muestras
de arquitectura religiosa. Otro atractivo, para los amantes
de la nieve, es subir a la sierra, donde se pueden practicar
deportes blancos durante el invierno. Y muy cerca de aquí:
hacia abajo, Béjar, hacia arriba, El Calvitero, donde
nace el río Cuerpo de Hombre.