La
Plaza Mayor, con la Torre del Museo Arqueológico, la
Casa Consistorial y una bella vista de la monumental iglesia
parroquial, es el punto obligado desde el que iniciar la visita.
En
la Torre, antaño cárcel y hasta toriles de cabestros,
se encuentra ubicada la mayor concentración de restos
arqueológicos de la comarca, piezas únicas que
relatan una historia tan rica en acontecimientos como en arte
y cultura. Desde aquí puede dirigirse hacia la Iglesia
Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, Patrona
de la Villa, hermoso y catedralicio templo del siglo XVI con
un retablo similar al del Monasterio de El Escorial. Su entorno
es uno de los espacios más emblemáticos de la
villa, con lugares como la Casa de los Condes, hoy Centro de
Visitantes de Frontera, el Burro de la Barrera, un verraco ibérico
de los mejor trazados de la provincia, o el Centro Cultural
de la Villa, incluído dentro del circuito de Artes Escénicas
regional.
Otro verraco, este procedente de las Merchanas, preside la Plaza
del Mercao, centro del concurrido mercadillo semanal de los
miércoles, donde se encuentran también la Ermita
del Humilladero y la Biblioteca Municipal.
Una vez hecho este primer recorrido por las calles y lugares
más característicos del pueblo, podemos realizar
una visita a sus alrededores. Partiendo de la abandonada estación
del ferrocarril y de la siempre enigmática y contradictoria
belleza de sus vías muertas, hoy Bien de Interés
Cultural, nos dirigimos hacia el camino de la antigua mina de
estaño. Dejando a la derecha las piscinas, donde podemos
entrar a darnos un chapuzón si la ocasión y el
tiempo lo permite, llegamos al valle de La Navalito, donde todavía
se levantan algunas piedras de un milenario dolmen. Más
allá está el río Camaces, cuyas aguas bañan
otra reliquia prehistórica: el Castro de Las Merchanas.
Este recinto amurallado vetón conserva prácticamente
toda su muralla, además de las características
zonas de piedras hincadas y otros restos de la época
romana.