Fuenteliante es uno de los pocos pueblos que
se conservan de la repoblación llevada a cabo en el siglo
XVIII. En 1784 se construye de nueva planta, asentándose
20 vecinos. Con el paso del tiempo llegó a tener más
de 300 almas a inicios del presente siglo, si bien la emigración
ha mermado el número de personas que viven en el pueblo.
Las
fuentes históricas y los yacimientos arqueológicos
nos señalan, sin embargo, la presencia de población
en estos pagos mucho antes de su fundación.
Hemos de retrotraernos a la Prehistoria para
hablar de los dólmenes de El Caño, del Valle de
las Cañas, del Rodeo y de Las Eras, emplazados en otros
tantos prados del pueblo. Hoy sólo están en pie
algunas piedras hitas del dolmen del Valle de las Cañas.
Los romanos dejaron en Fuenteliante restos de
una villa en El Endrinal y algunas tégulas y cerámica
tosca dispersa en las Cortinas de las Pocilgas. También
en El Campanario de Centenares hay sepulcros labrados en el
granito de época tardorromana.
El límite con el vecino pueblo de Bogajo
sigue la línea de los resaltes de cuarcita, denominados
sierros, como Picón de Bogajo, 794 metros, o Sierro,
799 metros. Son verdaderos miradores de los paisajes pandos
y adehesados de la penillanura.