La
ermita de San Pedro se ubica alejada del casco urbano,
en el camino que conduce a la sierra. Se trata de un edificio
levantado en el siglo XVI, pero que fue reformado en época
barroca. Se cita en 1656, cuando el fiscal eclesiástico
demandó al presbítero de Huarte-Araquil por haber
predicado sin licencia en esta ermita, a lo que el acusado adujo
que el vicario estaba enfermo y que los vecinos se lo habían
pedido de forma insistente, al ser las fiestas patronales.
La
planta consta de una sola nave, dividida en cuatro tramos y
terminada en testero recto. A los pies lleva un coro alto en
madera. Los muros van en sillarejo enlucido, sobre una base
de piedra. El acceso se abre en su segundo tramo, por el lado
de la Epístola, y consta de arco de medio punto con dos
arquivoltas. El interior se cobija por una cubierta levantada
cuando la reforma barroca, consistente en una bóveda
de medio punto sobre pilastras.
Parroquia
de la Asunción se levanta en el extremo este
del pueblo, delante de una amplia zona abierta, junto con el
cementerio y el edificio de las antiguas escuelas, formando
un curioso conjunto. El edificio actual data de la reconstrucción
llevada a cabo en 1946, y que sustituyó al antiguo templo,
construido en dos fases y del que resta la torre, levantada
en 1758. La actual fábrica sigue modelos de evocación
neogótica, muy en boga por aquel tiempo, a los que se
ha incorporado de manera masiva el uso del ladrillo y del cemento,
como materiales asequibles y baratos pero totalmente ajenos
a la tradición. Lleva planta de una sola nave, dividida
en cinco tramos por fajones, con transepto y cabecera rematada
en testero recto. Lleva coro a los pies, capillita octogonal
original, hoy archivo pero probablemente destinada a albergar
la pila bautismal, sacristía adosada a la cabecera por
el lado de la Epístola, y acceso muy simple en el mismo
frente, cobijado por un pórtico de tres arcos de medio
punto sobre pilares. La torre consta de un bloque prismático
esbelto, con cuerpo de campanas sobre pilastras y arcos de medio
punto, rematada con pirámides y bolas del tipo escurialense.
El
retablo mayor, dedicado a la Asunción, es barroco de
hacia 1650. Lleva banco y un cuerpo con tres calles más
ático. Entre la imaginería citaremos las esculturas
barrocas de San Joaquín, la Asunción y San José
con el Niño. Por encima, el Calvario de la misma época.
A
cada lado de la nave se dispusieron sendos nichos con las tallas,
de gran formato, de San Fermín y San Francisco Javier,
santos de gran devoción popular en Navarra, y que originariamente
flanqueaban el retablo mayor. Hacia los pies de la nave se ubica
también un Crucificado de tamaño ligeramente inferior
al natural, gótico de la segunda mitad del XV, muerto,
de torso esquemático y piernas un tanto artificiosas.
El paño de pureza es de pliegues un tanto rígidos,
y el demacrado rostro transmite dramatismo con sus ojos semiabiertos
y el gesto doliente.
Joseba
ASIRON SAEZ (2006)