En el casco urbano se hallan viviendas que constituyen buenos
ejemplos de la arquitectura pirenaica, construidas con piedra
escuadrada y mampostería en los muros y losas de piedra
en las cubiertas, con dinteles rectos de piedra o madera.
Las casas no llegan a unirse entre sí, creándose
un callejón, llamado callizo, donde caen las aguas
de los tejados. Éstos suelen ser a dos aguas y aparecen
rematados con chimeneas troncocónicas con espantabrujas.
Una de las construcciones más importantes es la iglesia
de Santa María, único elemento conservado del
antiguo monasterio benedictino de Santa María de Santa
Cruz de la Serós, el cual fue fundado por Ramiro I
de Aragón entre 1059 y 1060.
Está declarada Monumento de Interés Cultural.
Consta de una nave de planta de cruz latina con ábside
semicircular y una torre de cuatro cuerpos en el brazo meridional
este.
La ermita románica de San Caprasio fue edificada en
el siglo XI y restaurada en los setenta.
Posee una nave cuyo muro aparece decorado al exterior con
bandas lombardas unidas por arquillos ciegos.
Destaca la torre del siglo XII de ventanales ajimezados.
Una construcción singular es el Real Monasterio de
San Juan de la Peña.
Está compuesto por el Monasterio Viejo y el Nuevo,
ambos declarados Monumento Histórico Artístico
en 1889 y 1923 respectivamente.
El Monasterio Viejo constituye el núcleo primitivo
del conjunto. Su iglesia se construyó en el año
920 y fue ampliada en el siglo XI. En su interior se encuentran
pinturas románicas del siglo XII.
En el Llano de San Indalecio se ubica el Monasterio Nuevo,
lugar próximo al anterior. Se trata de un conjunto
barroco compuesto por la iglesia y toda una serie de dependencias
auxiliares, las cuales han desaparecido.
Del templo destaca su portada, construida por Pedro Onofre,
que presenta un frontón triangular y dos torres laterales.