Este espacio fue creado el 22 de octubre de 1964 como Parque
Cinegético Experimental, siendo su función principal
la de actuar como granja cinegética para repoblar acotados
de caza con especies como el ciervo, gamo, cabra montés,
corzo, muflón y jabalí. A partir del 1 de Julio
de 1966 empieza a depender de la Consejería de Medio
Ambiente y Desarrollo Rural de la Junta de Comunidades de
Castilla-La Mancha.
El Acceso al Parque de El Hosquillo no es demasiado fácil,
pero es de gran belleza, ya que la carretera que nos lleva
del pueblo de Las Majadas hasta la puerta del parque, discurre
por lo más agreste de toda la Serranía de Cuenca.
Enormes pinos albares apenas dejan hueco entre ellos para
ver algo en el paisaje que no sea verde.
Una vez en la puerta, los guardas y monitores custodian la
puerta para indicarnos cómo accederemos al parque.
El coche de los guardas va el primero, y despacito, conduce
a la fila de choches que le sigue hasta la zona visitable.
Unas cuantas instalaciones que estan bastante próximas
entre sí.
Hay un pequeño museo, donde se explica al visitante
la variedad cinegética que alberga el Parque: osos,
ciervos, cabras montesas, muflones, jabalíes, corzos,
lobos... También hay un Centro de Interpretación
donde a través de un audiovisual se da a conocer El
Hosquillo.
Ya en los exteriores se pueden ver los lobos, los jabalíes,
los ciervos, etc. Y al final de la visita, la estrella: los
osos. En este momento hay cuatro ejemplares que durante la
época estival es relativamente fácil verlos,
pero resulta imposible durante los meses de invierno ya que
se retiran a las grutas naturales que les dan cobijo durante
la hibernación.
Lo más bonito quizá de El Hosquillo es el paraje
en sí. El llamado "Nido del Buitre", donde
viven los osos, es una maravilla natural en sí mismo.
Enormes formaciones rocosas hacen de barrera natural inaccesible
incluso para los propios osos.
El conjunto del Parque es como un enorme hondo o depresión
por donde discurren los ríos Escabas y de las Truchas
en los que habitan la trucha común y la nutria: aguas
cristalinas que permiten el crecimiento desenfrenado de la
típica flora de la Serranía de Cuenca el pino
albar, el pino negral, el quejigo, el boj, la aliaga, el tejo,
el acebo, el sauce, chopo, avellano, álamo temblón...
No es difícil observar la fauna en libertad junto
a los caminos asfaltados que facilitan el desplazamiento.