El Nacimiento del Rio Cuervo es uno de
los parajes naturales más emblemáticos de toda
la provincia de Cuenca.
Situado en la zona más boscosa y verde de la Serranía
Alta de Cuenca, muy cerca del pueblo de La Vega del Codorno.
Al acceder hay un amplio aparcamiento donde coches y autobuses
no tienen problemas para estacionar. También un bar
y restaurante donde tomar un café o comer, según
la hora de la visita.
En la entrada del recorrido hay un gran cartel explicativo
sobre el Monumento Natural donde nos indica tres posibles
rutas, de la más corta a la más larga y lo que
vamos a encontrar en nuestra visita.
El Nacimiento del Rio Cuervo es bastante sensible a las épocas
lluviosas o de sequía, siendo estas últimas
muy negativas para el espectáculo que suponen los centenares
de cascadas que descienden por las musgosas rocas. Sin embargo
con abundante agua es un auténtico torbellino para
los sentidos. Agua, agua y más agua lucha corriente
abajo para ganarese un puesto en el descenso. Mil sonidos
de cascadas y un verde insultante hacen del paraje un retiro
natural.
Y con nieve... Con nieve y hielo el Nacimiento del Rio Cuervo
es posible que no tenga rival en toda la provincia de Cuenca.
El paraje se ha acondicionado con nuevos materiales para
hacer accesible a las personas de mobilidad reducida la visita
a la cascada principal. Algunas rampas con lamas de madera
van venciendo el desnivel hasta hacerlo fácil para
cualquier persona.
Tras la cascada principal o Cascada Tobácea, que es
la más espectacular, la senda va ascendiendo para llegar
a la parte superior de esta cascada. Durante unos metros,
y siempre ascendiendo el agua parece calmarse antes de precipitarse
vertiginosamente al vacío. Algunas pozas de agua cristalina
con bastantes truchas, se alternan con pequeñas corrientes,
ofreciéndonos una musiquilla constante durante el paseo.
Después de cruzar el río por un pequeño
puente, llegamos al mismo nacimiento. Una pequeña hoquedad
en la piedra vierte sus aguas e inmediatamente se ensancha
formando el río que hemos ido dejando atrás.
Parece mentira que de ese pequeño nacimiento, esa pequeño
hueco el la piedra, unos centenares de metros después
se forme una magnífica y grandiosa cascada.